““-¿Sale a cenar con muchos hombres? Aquella pregunta me sorprende. Pero ¿este tío se cree el único espécimen macho del mundo? Así que respiro hondo y procuro no soltarle un borderío de los míos. -Siempre que me apetece –le aclaro. Alzo mi barbilla con altanería y, cuando creo que no voy a decir ni una palabra más, le suelto: -Lo que no entiendo es qué hago aquí, en su coche, con usted y dirigiéndome a cenar. Eso es lo que todavía no logro entender. Él no responde. Sólo me mira… me mira… me mira y me pone histérica con su mirada. -¿Va usted a hablar o pretende estar el resto del viaje mirándome? -Mirarla es muy agradable, señorita Flores.””