““Le dije que me gustaba, y quedé insatisfecha. La verdad era que a veces no me gustaba nada, pero no podía vivir sin ella. Le dije que la quería, pero también quiero a mi perro. Después le dije que la amaba, pero mi incomodidad fue mayor aún [...] decidí prescindir del lenguaje, entonces me acusó de no querer comunicarme. Desde hace unos años, sólo existe el silencio. Encuentro, en él, una rara ecuanimidad: la de los placeres solitarios.””