““Un día que habían salvado contra su voluntad a una viuda que se había arrojado al agua, mi abuela me había dicho (movida acaso por uno de esos presentimientos que leemos a veces en el misterio, tan oscuro, sin embargo, de nuestra vida orgánica, pero en que parece como que se refleja lo por venir) que no conocía crueldad semejante a la de arrancar a una desesperada a la muerte que ella misma ha querido y devolverla a su martirio.””